Duarte: salvando cara

Ramón Alberto Garza.-  

Hasta hace unos días lamentábamos los recurrentes e increíbles denuncias de corrupción, pero sobre todo la impunidad con la que se manejan.
Cuatro gobernadores en fuga, el misterioso ocultamiento del mexicano sobornado en el caso Odebrecht, partidos políticos contra la pared, constructoras de autopistas públicas que les son escrituradas ad perpetuam, funcionarios y policías cooptados por el crimen organizado.
Pero de súbito, como si viviéramos una racha de suerte, detienen a dos gobernadores y se revela el nombre del funcionario que recibió los 10.5 millones de dólares para favorecer a la constructora brasileña.
El primer golpe se da con la captura en Florencia, Italia, del exgobernador Tomás Yarrington, declarado prófugo, con ficha de Interpol y recompensa multimillonaria al que diera detalles de su paradero.
Pero en esa captura, mas allá de la ficha y la recompensa, no participa la policía mexicana como coadyuvante de la italiana.
Es la policía norteamericana la que se hace presente en el momento de la captura. Ellos también lo buscaban y al menos oficialmente ellos lo encontraron.
El segundo golpe fue el conocer, aunque sea desde Brasil y Estados Unidos, el nombre del funcionario al que se le habría pagado el soborno del escándalo global llamado Odebrecht.
El señalado es Emilio Lozoya, el exdirector de Pemex que de súbito fue removido de su posición, sin que mediara explicación suficiente.
Pero la revelación del nombre no viene de las investigaciones que llevan a cabo las autoridades mexicanas. Es el resultado de investigaciones de los brasileños y los norteamericanos, quienes las dieron a conocer.
Ya lo decíamos que si las autoridades mexicanas no se adelantaban a dar resultados, el golpe vendría del extranjero. Y así sucedió.
Por eso el gobierno mexicano estaba urgido de dar la cara al menos con un caso. Y eso vino con la captura de Javier Duarte, exgobernador veracruzano huido del país desde hace seis meses.
Nadie puede regatear a la PGR y  su titular Raúl Cervantes el mérito de la captura. Se originó en actividades de inteligencia sobre los Duarte que acabaron por ubicar el paradero del fichado como prófugo de la Interpol.
Yarrington, Lozoya y Duarte serán ahora tres casos emblemáticos sobre los que se verá la verdadera voluntad del gobierno del presidente Peña Nieto para hacerle frente a la corrupción que agobia a México.
Y las mismas voces que ayer crucificaban al gobierno por su inacción son las que hoy dicen ver, en esas capturas o denuncias, intereses electorales con miras a resucitar  credibilidad para influir en las inminentes elecciones del Estado de México, Coahuila y Nayarit.
Discutir los efectos que esos casos tendrán el  3 de junio es una moneda al aire. Quizás sea de elogio frente a la captura o la denuncia.
Pero el efecto se puede revertir en cualquier momento con las revelaciones que hagan.
Lo importante es que, por acciones propias o ajenas, se rompió la inercia que ya apestaba a inacción.
Y que a menos que existan acuerdos en lo oscurito, este es el principio del fin. Por ahora el objetivo debe ser cuidar la integridad física de los inculpados. Saben demasiado.
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