La bicicleta de López-Dóriga


Rubén Cortés.

Como en una de sus baladas favoritas, cantada por Raphael, Joaquín López-Dóriga vivió ayer su gran noche. Y lo hizo con una frase muy suya: “La vida es una bicicleta… y yo no dejo de pedalear”.
La Lotería Nacional, una de las instituciones más antiguas de América (arrancó en la Nueva España el 13 de mayo de 1771), festejó su medio siglo como periodista, con un billete de 19 millones de pesos en premios.
¿Por qué la vida es una bicicleta? “Porque si dejas de pedalear, te caes… y yo no me caigo”. Tiene razón: con 70 años de edad y 50 en el oficio, es el periodista mexicano, de la época de la máquina de escribir, que mejor saltó a la modernidad de la Era Digital.
Hoy, conduce en Foro TV “Si me dicen no vengo”, el programa de mayor alcance y repercusión mediática, que desde abril registró ocho mil 681 menciones en redes sociales, por delante de colegas del nivel de Denise Maerker, Carlos Loret, Leo Zuckermann o Ciro Gómez Leyva.
Incluso, en el punto más alto del proceso electoral pasado, el sitio web “López-Dóriga Digital” fue el que mayor volumen de tráfico móvil consiguió, con 2.2 millones de visitantes únicos, según el Ranking de Medios Nativos Digitales.
Es el mismo periodista que conserva sus libretas de notas del 2 de octubre de 1968, el día en que se ganó “la planta” en el diario El Heraldo, luego de cubrir los hechos de la noche de Tlatelolco, los apuntes de la tarde en que asesinaron a Luis Donaldo Colosio…
Pero la filosofía de la bicicleta le permitió brincar, con la misma facilidad con la que transpira, a escribir en el iPad y a construir un sitio online alimentado con 30 noticias por hora, de fácil acceso y constantes actualizaciones, que le dan una audiencia 2,235 millones de visitantes.
Sin embargo, ninguno de estos logros, la capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos… nada supera a lo mejor que tiene Joaquín: una pasión por la vida contra la que fracasa el tiempo como apagador de los más firmes sentimientos de los hombres. Contra Joaquín el tiempo pierde.
Porque en Joaquín los sentimientos se avivan con los años. Su amor por la familia es inquebrantable, amalgamado en códigos de lealtad a los más cercanos como idea de grupo protector e inmutable que, él está convencido, trascenderá al éxito, a la política, al trabajo, al sufrimiento.
Pero sobre todo, Joaquín posee el genio de la amistad, la gratitud, la generosidad y la humildad. Un don que irradia cada vez que te saluda con un beso en la mejilla y hace recordar a Ramón y Cajal:
“Procuremos agradar e instruir… nunca asombrar”.

@Ruben_Cortes 

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