El imperio Echevarría en la sucesión presidencial

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José Ureña.- 
Los Echevarría son unos cocacoleros aparte.

Muy superiores a Vicente Fox, a juzgar por los resultados.

Cada uno escogió su camino y ganó.

En 1998, Antonio Echevarría padre fue tentado por el entonces candidato emergente azul para ir juntos en busca de una carrera política de largo aliento, pero el nayarita rechazó su oferta y decidió actuar por otra vía.

El guanajuatense Fox buscaba la Presidencia de la República a lomo del rechazo a las decisiones económicas instrumentadas por Ernesto Zedillo, pero pagadas por el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Echevarría padre dudaba del voto y decidió jugar por su cuenta.

Acudió al entonces presidente de Acción Nacional (PAN), Felipe Calderón, y le pidió el amparo de ese partido para postularse a gobernador de Nayarit y capitalizar el odio generado por Rigoberto Ochoa Zaragoza.

Calderón se negó, y entonces, con respaldo del zacatecano Ricardo Monreal, montó su propia alianza azul-amarilla con la cual se hizo del Palacio de Gobierno de Tepic.

Su razonamiento:

-Fox podrá ser candidato el año entrante, pero quién sabe si gane y quién sabe si lo dejen pasar.

En julio de 2000 tuvo la respuesta.

LA MISMA HISTORIA DE PADRE E HIJO

Diecisiete años después, la historia se repitió.

Esta vez Antonio Echevarría hijo no tuvo necesidad de ofrecerse a Acción Nacional ni al Partido de la Revolución Democrática (PRD) como candidato a gobernador.

Acudieron a rogarle el panista Ricardo Anaya y el perredista Guadalupe Acosta Naranjo.

Lo prefirieron sobre Polo Domínguez, presidente municipal de Tepic, más panista y más aliancista, pero sin el respaldo económico del imperio Echevarría, bajo cuyo sol se mueve la economía de Nayarit.

Quién sabe si Anaya y Acosta Naranjo lo sepan, pero antes de ellos estuvo Andrés Manuel López para ponerle en la mano la postulación de su Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

No era necesario.

Rechazado, López buscó a un desahuciado político y así encontró a Miguel Ángel Navarro, un cuadro cuyos mejores tiempos estuvieron al lado del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

¿Y a qué esta historia?

A la realidad nacional:

En México no importan los principios ni la ideología, sino el pragmatismo y a ver quién da mayores rendimientos.

Y en 1999, Antonio Echevarría padre los tenía con sus empleados panistas y perredistas -los dirigentes estatales de ambos partidos estaban en su nómina y se impusieron a sus líderes nacionales- y hoy ellos le sirven al PAN y PRD.

En 2018 vendrá el tiempo de la factura de Ricardo Anaya a Antonio Echevarría padre y ex gobernador, y a Antonio Echevarría hijo en funciones.

Y LA MISMA CRISIS EN 1999 Y EN 2017

1. La historia es circular:

En 1999, el PRI arrastraba el desprestigio de la política económica de Ernesto Zedillo y el mal gobierno de Rigoberto Ochoa Zaragoza.

Hoy, el PRI paga las culpas del gobierno actual y las arbitrariedades del gobernador Roberto Sandoval y, sobre todo, su sospechosa relación con Edgar Veytia, el preso de Nueva York involucrado en el crimen organizado.

2. Ricardo Salinas Pliego encabezó el fin de cursos en el Plantel Azteca y pidió al estudiantado no rendirse.

“No pueden dejar de estudiar nunca porque se vuelven obsoletos; se quedarían como una lap que no se utiliza: ya no funciona”.


Mensaje a todo el estudiantado del país.
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