Se prefiere más un costoso Tren Maya, que la salud de los mexicanos


Rubén Iñiguez.
Para el director del Fondo Nacional de Turismo (FONATUR), el tren maya está lejos de ser cancelado, ya que Rogelio Jiménez Pons, (cita: El Economista 24.Marzo.2020) señala que en caso de urgencia, buscarán otras fuentes de financiamiento. La verdad es que se trata de un tren muy grande en su ruta pero a la vez demasiado costoso, lo que hace que se dude en su viabilidad y su justificación. Por otra parte se informó que se aplazó el arranque de construcción del tramo inicial Palenque - Escárcega, para el mes de mayo en tanto se evalúan más propuestas.
Este tren ya vivió la etapa de las encuestas, en que una porción reducida de la población emitió su voto, condicionados a recibir beneficios de otro tipo de obras. Además, no se consideró que la encuesta haya sido válida pese a su metodología fallida, fiel a la usanza del sexenio de Andrés Manuel, tanto que la misma comisionada de los Derechos Humanos de la ONU, Danielle Bachellet, condenó como una evidente manipulación de la misma.

Para Rogelio Jiménez, la crisis del coronavirus, pasará en unos dos meses, y no llegarán a seis meses cuando mucho. Lo más triste de todo, es que desde antes de la llegada de la pandemia del covid-19, ya nuestro país comenzaba a tocar  fondo en empleo, en inversión, además de registrar cero crecimiento económico y un desplome del turismo. Se ha sumado a esto, un descenso del producto interno bruto (PIB), y un decrecimiento tan regresivo parecido al de los años 30´s, que fue una década de pobreza extrema nacional, aunque se niegue la verdad.

Demasiado optimismo hay en el gabinete federal, a pesar de ver claramente los indicadores de una considerable recesión económica. Incluso estimo que una parte del fondo de inversión de Black Rock, podría ser redirigido al Tren, en lugar de ser destinado a la carretera de Cancún. Lo anterior, con tal de cumplir el capricho del emperador tabasqueño.

Sin embargo el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) en nota de El Economista, exigió al presidente López, renunciar “temporalmente” a algunos de sus ingresos y a eliminar proyectos superfluos como el Tren Maya.

Sin ni siquiera comenzar con la construcción, el Tren Maya tuvo un incremento de 20 mil millones de pesos más de lo inicialmente presupuestado en lo que va de este año, para estimar un costo aproximado total de 140 mil millones de pesos. A esto le sumamos dos proyectos más en los que está obsesionado nuestro presidente, que son los aeropuertos de Santa Lucia-Toluca-Benito Juárez CDMX,  que saldrán más caros de lo estimado y la refinería de Dos Bocas, que se pretende continuar con un incremento de 8 a 12 mil millones de dólares, en donde dicho sea de paso, atraviesa por un un “excelentísimo momento” en el que las refinerías del orbe están cerrando, por sus costos de operación, pero la lógica no cuenta en México.

El CEESP exigió la necesidad de adoptar políticas contra-cíclicas, esto es, suplir el gasto presupuestal programado y redirigir la inversión a salud, que tanto se necesita en estos tiempos de emergencia sanitaria. Dicho aumento debe ser compensado al menos parcialmente con reducciones de otros rubros. Indicó además en su estudio semanal, que solo un cambio de asignación presupuestal eliminando esos debatidos proyectos, restituirá la confianza en la inversión.

El problema es que en vez de que exista un verdadero proyecto de ahorro en el paìs, parece que se sigue tirando el dinero por cancelar proyectos como el de la cervecería Constellation Brands, pues a pesar de que unos estaban a favor y otros en contra de dicha inversión, se resolvió cancelar con una “encuesta patito o a mano alzada”. Esto provocó que se dejaran de invertir 1.4 mil millones de dólares en esa región, además de estar obligados a pagar 35 mil millones de pesos de indemnización por la cancelación, pudiendo haber invertido en el Tren Maya, en lugar de andar pagando multas por penalización.

Sin embargo, pese a la terca defensa del presidente AMLO respecto de la construcción del Tren Maya,  en el sentido que no afectará el medio ambiente, ni despojará de tierras a los campesinos, tanto la UNAM, como el ITAM presentaron estudios negativos ambientales para el desarrollo del Tren. Además el CONACYT, ocultó el contenido de dichos estudios, para no influir en la encuesta, pues revelaron que el Tren, afectará 10 áreas naturales protegidas, afectando la recarga de acuíferos, pudiendo implicar la destrucción de 1,028 sitios arqueológicos, además de vulnerar los derechos de 146 mil indígenas en 197 localidades.

Algunas de las zonas naturales afectadas y reconocidas a nivel mundial para su preservación, son las reservas de Balam Kim y Balam Ku, en Campeche; Parque Nacional de Palenque y las áreas de protección del Cañón del Usumacinta en Chiapas; Yum Balam, Manglares de Nichupté y Uaymil en Quintana Roo, la reserva de la Biosfera de Sain Ka’an  en Quintana Roo y en Campeche, los Petenes y Calakmuk.

Se considera que la construcción y operación del tren, causarán alteraciones, degradación y deforestación de los ecosistemas. La mala costumbre de disimular la verdad, de mentir y ocultar información sigue siendo parte del entorno de la 4T que se esperaba derrotaría a la corrupción.

El tren Maya se desvirtuó en su proyecto inicial de Chetumal-Cancún-Mérida, pasando solamente por dos entidades y sirviendo de empleo para las capitales vecinas a Cancún, pero la idea de llevarlo a Tabasco, obedece a un deseo berrinchudo y patriarcal de López Obrador para asombrar a sus paisanos.

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