Ventana rota



Rubén Cortés.-


El México de hoy acepta las malas noticias con conformismo estilo “ventana rota”, la teoría surgida de Philip Zimbardo y su experimento de abandonar un coche en el peligroso Bronx neoyorquino, y otro en el rico Palo Alto californiano, en 1969.

Sicólogo de Stanford, Zimbardo vio como al auto del Bronx lo desvalijaban enseguida; mientras al de Palo Alto no le pasaba nada. Pero a la semana le rompió un espejo y, rápidamente, los ricos vecinos hicieron lo mismo que los vándalos del Bronx.

Zimbardo demostró que en ambos casos el resultado era igual: “Aquí no hay nadie que cuide nada”. El experimento originó la teoría de La ventana rota, patentada después por James Wilson y George Kelling.

Y que demuestra que si en un edificio se rompe una ventana y el dueño no la repara rápido, el resto correrá la misma suerte, porque “aquí no hay nadie que cuide nada”. Y entre los vecinos se instala un conformismo devastador.

Algo parecido se acomoda entre los mexicanos, con la pérdida de la capacidad de asombro ante los rompimientos diarios de récords históricos negativos en la vida nacional:

–Los 500 diputados federales de la actual Legislatura (que arrancó poco antes que este gobierno) liquidaron la marca de más faltas en lo últimos 15 años. Se ausentan 80 por ciento más que los que acabaron su gestión poco antes de que finalizara el otro gobierno.

–Por primera vez en dos décadas, un gobierno (este) mete mano al ahorro del Estado: el Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios, creado en el 2000 para ser usado sólo si registraba una crisis económica insuperable.

–El ritmo actual de asesinatos en el país es de cuatro por hora. Vivimos la ola de violencia más grande en 100 años. En 2019 fueron asesinadas 34 mil 582 personas, incluidas mil seis mujeres.

–Por primera vez en 11 años, México termina un año (el pasado) en números rojos, con un bajón de 0.1 por ciento en el índice de crecimiento económico. Y por primera vez en 12 años bajo el consumo de la población (12.9 por ciento).

Sin embargo, todo lo anterior se va haciendo normal, gracias a la existencia de dos realidades en el país: la que es informada con maestría y sencillez abrumadoras en la conferencia matutina presidencial, y la inapelable de los hechos y de las cifras.

Pura teoría de la ventana: si en un edificio se rompe una, y el dueño no la repara, el resto correrá la misma suerte. Así, los diputados de Morena dicen: “Para qué ir si ya sé lo que sucederá”? Y los de oposición: “Para qué ir si no puedo hacer nada”?

Y todo se vuelve una rutina.
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