Combatir la corrupción

EL GOBIERNO de Andrés Manuel López Obrador tiene manchadas las manos con la sangre de los 8 periodistas asesinados este año. Si bien es cierto, como dice el propio Presidente, que él no los mandó matar, también es cierto que su administración le ha dado manga ancha al crimen organizado y, además, ha generado un clima de animadversión contra la prensa.

 

REPETIR día tras día que los medios que no le prenden incienso son adversarios, son reaccionarios, son golpistas, por supuesto tiene un efecto erosionador. El propio AMLO lo repite a diario: "calumnia que algo queda". Si desde Palacio Nacional atacan descarnadamente a los periodistas, ¿por qué se iban a tocar el corazón los narcos en Zitácuaro o en Tijuana?

 

YA HASTA la propia Michelle Bachelet advirtió que los niveles de violencia que enfrenta el periodismo en México "son alarmantes". Y no lo dijo como una simple observadora, sino como Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU. Militante socialista, torturada y exiliada por la dictadura de Chile y la primera mujer que presidió ese país, se ve difícil que López Obrador la pueda calificar también de injerencista y colonialista.

 

 

HAY muchos caminos para combatir la corrupción en el gobierno. Una ruta es atacar la impunidad con hechos y hacer que paguen por sus delitos los funcionarios que hayan aprovechado el cargo para beneficio personal. Otro camino es no actuar sino hablar de la corrupción, todas las mañanas si es posible; sacar pañuelos blancos, otorgar indulgencias para los amigos y furibundos sermones morales para los enemigos.

 

EN Nuevo León, Samuel García optó por la ruta de perseguir los presuntos delitos que cometió su antecesor, Jaime Rodríguez "El Bronco". En cambio Andrés Manuel López Obrador optó por ni siquiera investigar los excesos que se cometieron -y están documentados- durante el sexenio de Enrique Peña Nieto.

 

PARA COLMO, ante las acusaciones o sospechas sobre sus familiares y colaboradores, el Presidente cambia el tema, mira hacia otro lado o, simplemente, dice que es una campaña en su contra. ¿Cuál de los caminos dará mejores resultados para erradicar la corrupción?

 

 


NO CABE duda que el aeropuerto de Santa Lucía, tal y como lo prometieron, será de talla internacional. Sí, porque está en chino llegar; los locales comerciales están más desiertos que el Sahara; todos los caminos llevan a Roma, pero ninguno al AIFA; el sobrecosto es como si lo hubieran bordado en París; el Presidente lo inaugurará con la puntualidad de un inglés; y a diferencia del Canal de Panamá, no tiene esclusas, pero sí muchas excusas. ¡A volar!

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