Urge una reforma fiscal integral

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

 

Desde la aparición del ser humano sobre la tierra, este se ha organizado de diferentes maneras (grupos, tribus, hordas) para alcanzar sus fines, algunos tan básicos como el obtener su alimento; es por ello que siempre ha necesitado de los otros para alcanzar sus propias necesidades. La convivencia con los otros, se tradujo comúnmente en desacuerdos sobre diferentes asuntos tales como la repartición del alimento cazado, o la seguridad de preservar este alimento sin que nadie se lo arrebate. Normalmente quien dominaba siempre fue el más fuerte.  A medida que estos grupos se fueron civilizando adoptaron formas de organización más eficaces para resolver sus conflictos y regular la convivencia (protegerse del más fuerte), fue así como nace el Estado y el Derecho como forma de organización que regula la convivencia de una sociedad dando seguridad a sus miembros, fundamentalmente en la preservación de su vida y de sus propiedades; así como el fomentar la condiciones para el desarrollo de cada individuo y que estos alcancen sus fines. En pocas palabras, el Estado debe buscar el bien común.

De acuerdo a San Agustín: “cualquiera sea el orden político establecido o el tipo de Estado o gobernante, no es el tamaño ni la fuerza sino la presencia de la justicia lo que diferencia a un estado de una banda de delincuentes. Si no existe, la única diferencia es el tamaño de sus crímenes y la impunidad con la que se cometen”. La Justicia es, pues, superior al Estado mismo y un requisito indispensable para ser reconocido como tal. Y los gobernantes, pueden también delinquir cuando se apartan de lo que es justo, es decir, cuando no buscan el bien común.

Como parte de una sociedad es deber y obligación de contribuir al sostenimiento del Estado, a cambio, es deber y obligación del Estado el proporcionar los servicios y las condiciones que permitan a cada individuo la protección de sus derechos. Mantener el orden público, dotar de servicios públicos, y  conducir el desarrollo económico y social son tres tareas fundamentales de un gobierno.

El artículo 31 de nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su fracción IV, estable como una obligación para los mexicanos: “Contribuir para los gastos públicos, así de la Federación, como de los Estados, de la Ciudad de México y del Municipio en que residan, de la manera proporcional y equitativa que dispongan las leyes”.  Por otro lado, de acuerdo al artículo 134 de la misma Constitución, el Estado tiene la siguiente obligación (por su importancia, se transcribe el texto de este artículo): “Los recursos económicos de que dispongan la Federación, las entidades federativas, los Municipios y las demarcaciones territoriales de la Ciudad de México, se administrarán con eficiencia, eficacia, economía, transparencia y honradez para satisfacer los objetivos a los que estén destinados.

Los resultados del ejercicio de dichos recursos serán evaluados por las instancias técnicas que establezcan, respectivamente, la Federación y las entidades federativas, con el objeto de propiciar que los recursos económicos se asignen en los respectivos presupuestos en los términos del párrafo precedente. …

Las adquisiciones, arrendamientos y enajenaciones de todo tipo de bienes, prestación de servicios de cualquier naturaleza y la contratación de obra que realicen, se adjudicarán o llevarán a cabo a través de licitaciones públicas mediante convocatoria pública para que libremente se presenten proposiciones solventes en sobre cerrado, que será abierto públicamente, a fin de asegurar al Estado las mejores condiciones disponibles en cuanto a precio, calidad, financiamiento, oportunidad y demás circunstancias pertinentes.

Cuando las licitaciones a que hace referencia el párrafo anterior no sean idóneas para asegurar dichas condiciones, las leyes establecerán las bases, procedimientos, reglas, requisitos y demás elementos para acreditar la economía, eficacia, eficiencia, imparcialidad y honradez que aseguren las mejores condiciones para el Estado.

….  La evaluación sobre el ejercicio de dichos recursos se realizará por las instancias técnicas de las entidades federativas a que se refiere el párrafo segundo de este artículo.

Los servidores públicos serán responsables del cumplimiento de estas bases en los términos del Título Cuarto de esta Constitución.

Los servidores públicos de la Federación, las entidades federativas, los Municipios y las demarcaciones territoriales de la Ciudad de México, tienen en todo tiempo la obligación de aplicar con imparcialidad los recursos públicos que están bajo su responsabilidad, sin influir en la equidad de la competencia entre los partidos políticos.

La propaganda, bajo cualquier modalidad de comunicación social, que difundan como tales, los poderes públicos, los órganos autónomos, las dependencias y entidades de la administración pública y cualquier otro ente de los tres órdenes de gobierno, deberá tener carácter institucional y fines informativos, educativos o de orientación social. En  ningún caso esta propaganda incluirá nombres, imágenes, voces o símbolos que impliquen promoción personalizada de cualquier servidor público. …”. ¿Actualmente nuestro gobierno cumple con la exigencia de este artículo constitucional?

Desde hace más de treinta años se habla de una reforma fiscal integral, sin embargo, hoy más que nunca se requiere de una reforma fiscal que se enfoque no solo en el aumento de la recaudación haciendo uso del terrorismo fiscal, o en la austeridad del gobierno desmantelando las instituciones, como actualmente se aplica; sino también en el cumplimiento eficaz de las obligaciones del Estado, en apego de ese  pacto social entre ciudadanos y Estado. Se requiere de una reforma fiscal que haga realidad los principios tributarios de generalidad, de obligatoriedad, de vinculación al gasto público, de proporcionalidad, de equidad y de legalidad o reserva de ley.

De no considerar en una exigencia fiscal, también el cumplimiento de las obligaciones del Estado, de acuerdo a la frase de San Agustín antes mencionada, nos encontramos frente a una banda de delincuentes haciéndola de “Robín Hood” repartiendo el botín, pero quedándose con la mayor parte, en perjuicio de ese pueblo “bueno y sabio”.

 


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