Reflexión-es, por Daniel Dahlhaus


En días pasados se llevó a cabo en Cancún la Asamblea General de la OEA, fue en este evento donde la canciller del gobierno de Venezuela, Delcy Rodríguez, aprovechó su participación ante los miembros de la Organización para criticar a su homólogo mexicano, Luis Videgaray, quien ha declarado anteriormente que la OEA debe abordar y actuar ante la “crisis en el país sudamericano”, en respuesta a aquellas declaraciones la funcionaria de aquel país declaró que el caso de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa es una “vergüenza” para México.
La crisis en Venezuela ha aumentado considerablemente, más de 80 días de protestas en todo el país, muertos y desaparecidos han causado que varios países se pronuncien en contra de las acciones, las medidas y el rumbo que ha tomado el presidente de aquella nación, dentro de esos países se encuentra México.
México y Venezuela se han enfrascado en declaraciones negativas entre ambos gobiernos. En la reunión de la OEA, como se había adelantado, Delcy Rodríguez, representante del país del sur se declaró en contra de aquellos países que critican al gobierno al que pertenece, en especial de México, mostro también su apoyo y el de su país a los padres de los desaparecidos de Ayotzinapa.
El vocero de los padres de los 43, Felipe de la Cruz, declaró que le “daría mucho gusto que el sistema de Venezuela fuera el que estuviera en México”, declaraciones que por sí solas, son una contradicción, declaraciones que no son entendibles al ser hechas por el representante de una organización formada por la desaparición forzada de jóvenes estudiantes, hechos en los cuales presuntamente participaron el gobierno municipal y estatal, situación que se repite a gran escala en la nación venezolana.
Las declaraciones hechas por el representante de los normalistas se dan después que el gobierno venezolano mostrara apoyo a su causa “Maduro es un ejemplo para nosotros”, declaró el vocero de los desaparecidos normalistas “se preocupa por el pueblo y no por las empresas”, añadió.
El enemigo de mi enemigo es mi amigo, es lo que pareciera suceder con la situación entre el gobierno de México, Venezuela y los representantes de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. Estos últimos parecen olvidar las cifras que según el Ministerio Público de Venezuela, registra 75 personas fallecidas en las protestas de aquel país, número que se elevan en los datos extraoficiales que aseguran son 94 difuntos a causa de las protestas hasta el 22 de junio.
La causa que se defiende en México es justa, necesaria y por demás necesaria para llevar a la cárcel a los culpables, hacer valer la ley y que no se repita situación similar, pero aliarse con Venezuela, país donde se han registrado abusos diarios de autoridad y violaciones a los derechos humanos es por demás un acto de incongruencia.
El deseo de una democracia y un gobierno semejante al de Venezuela no solo implica una contradicción en sí mismo, no se puede considerar democrático a un gobierno que en declaraciones del mismo Maduro tomaran por las armas lo que no obtengan por las urnas, no se puede considerar democracia a un gobierno que reprime abiertamente a las protestas que han durado más de 80 días y ha dejado decenas de muertos.
Las declaraciones del vocero de los de Ayotzinapa puede que pequen de inocentes al desconocer un total abuso de la fuerza pública y del poder en el país del sur, o, simplemente intercambian el posicionamiento de su causa en los medios internacionales para presionar al gobierno nacional, a cambio de colaborar con un régimen como el de Maduro y poner en aprietos al gobierno nacional, en ambos casos, beneficio propio.
Las lecturas al actuar son muchas, desde luego que se precisa de argumentos sólidos para salir a la luz pública a emitir un juicio de tal magnitud. Mientras tanto las manifestaciones en las calles, plazas cívicas, explanadas municipales y hasta en recintos educativos siguen haciéndose presentes, algunas con halitos de “anarquía” (¡claro! bajo el desatinado concepto contempo de esté, muy alejado del de  Pierre-Joseph Proudhon padre del anarquismo moderno) otras tantas con violencia manifiesta y en el mejor de los casos con  personas de la sociedad civil que se solidarizan si bien no con el hecho en sí, pidiendo paz y justicia a lo largo ancho de la república mexicana.
Lo preocupante –a juicio propio- (con deseos de que fuese colectivo) es pues, que se politice esta causa a nivel nacional, en el escenario internacional me queda claro que ya paso, y dado el contexto político en miras del dos mil dieciocho, ya hay muchos que les suena muy rentable encontrar en esos movimientos alta rentabilidad electoral, ya lo vimos con el comportamiento de la CNTE (Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación) en su sección veintidós, que en comicios pasados encontró en el MORENA espacio idóneo (tipo fuga emocional) la mejor venganza hacia el sistema político actual.
Importante mencionar que en democracia los gobernados son fiel radiografía de sus gobernantes (espero no incomodar), sin embargo entiendo dos cosas sobre esto: la primera; que la realidad actual del país, la de las democracias latina unidas modernas ya no dan para caer en esas pasiones estériles. La segunda, que mi generación fue, es y será mayoritariamente el “target” principal en elecciones y créanme que ya no tan fácilmente compramos ese tipo de oferta política.
Nos queda claro –espero que a todos- que mientras el móvil del actuar ciudadano sea el odio, rencor, venganza, revanquismo y demás vicios personales convertidos en urbanos, nos llevarán a ningún lugar no limitándose a lo personal sino peor aún a la desgracia nacional. Hago votos porque se cumpla lo que la gran Chabela Vargas justificaba: “El Gigante (refiriéndose a México en su concepción como país) está dormido, esté se levantará con más fuerza, hará de el lo que todos hemos esperado. A menos en esta ocasión esta es fue nuestra reflexión.
danieldahlhaus7@gmail.com


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