Aspirantes presidenciales raspados

LO PRIMERO, sin duda, es desearle al presidente Andrés Manuel López Obrador que se recupere bien y pronto del contagio de Covid-19. En un régimen tan unipersonal como el que ha instaurado, su convalecencia resulta un tema prácticamente de seguridad nacional.

EN ESE SENTIDO, resulta increíble que nadie en el equipo de Presidencia se haya atrevido a señalarle al mandatario los riesgos que implicaba, para él mismo y para sus colaboradores, la falta de medidas sanitarias. A fuerza de negarse a usarlo, se normalizó el hecho de que López Obrador no portara el cubrebocas. Sin embargo, su contagio es un llamado a tomar conciencia de que al virus no se le detiene con ideología.

EN LOS ya casi dos años que lleva la pandemia, la 4T se ha caracterizado por un manejo ineficiente de las políticas de salud, haciendo a un lado las guías científicas y anteponiendo las necesidades políticas a las sanitarias. Apenas el domingo, el gobierno federal lanzó un spot en el que asegura que el contagio de coronavirus se evita... ¡comiendo frutas y tortillas!

SIN DUDA ayer fue un buen lunes para Claudia Sheinbaum y no porque haya hecho algo bien, sino porque a sus contrincantes para el 2024 les fue bastante mal. O mejor dicho, los maltrataron en Palacio Nacional. Tanto Marcelo Ebrard como Ricardo Monreal salieron raspados de la mañanera.


EL CANCILLER se llevó tremendo revés cuando el Presidente lo desautorizó de fea manera, al decir que sería imprudente no enviar representante a la entronización de Daniel Ortega en Nicaragua. Para colmo, el jalón de orejas se dio justo el día en que Ebrard encabezó la reunión anual con los embajadores y cónsules. ¡Vaya tino!

EN CUANTO a Monreal, fue evidente que a López Obrador no le gusta nada que ande hablando de manera abierta sobre sus aspiraciones presidenciales y, menos, que lance un mensaje más conciliador y menos radical que el del gobierno. A ver, ¿quién le manda al Presidente abrir la carrera por la sucesión tres años antes? Por ahí hubiera empezado.

POR CIERTO que en la reunión de embajadores y cónsules fue muuuy contrastante lo dicho por el morenista Ignacio Mier y por la priista Claudia Ruiz Massieu. El diputado puso por delante los intereses partidistas al defender más con consignas que con pruebas la contrarreforma energética. En contraparte, la senadora fue sutil y elegante al advertir que los cambios constitucionales se deben ajustar a lo estipulado en tratados comerciales internacionales. Traducción: no son enchiladas y el Congreso tiene que cuidar la viabilidad legal de cualquier iniciativa.


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